La pastelería conquista al mundo del cine

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Imagen de la película Una pastelería en Tokio

La pastelería conquista al mundo del cine es lo que pueden pensar muchos al conocer el último éxito de la directora Naomi Kawase, “Una pastelería en Tokio“. Esta pelicula, basada en la novela de Durian Sukegawa es una fábula positivista donde Tokue, su protagonista hace las delicias de todos, gracias a su talento innato elaborando un pastel típico japonés, los dorayakis. Esta historia basada en una anciana real, tiene como centro principal este dulce. A través de él conoceremos la historia de como un producto hecho con cariño, amor, y el mayor de los optimismos puede cambiar tanto el entorno donde se encuentra.

La historia comienza en un rincón de la inmensa ciudad de Tokio, en una avenida colmada por el color blanco del cerezo en flor, donde una anciana llamada Tokue se acerca a pedir trabajo a una pastelería. El jefe duda porque la mujer tiene más de 70 años y porque sus manos están enfermas. Después de insistir una y otra vez, él le pide que se vaya y le regala un dorayaki. Al día siguiente la anciana le lleva anko casero, la pasta de judía dulce muy típica en Japón que sirve de relleno para el dorayaki. Cuando el jefe lo prueba experimenta una sensación indescriptible, está demasiado bueno, imposible no contratar a la anciana. Aunque él sabe mejor que nadie los problemas que le puede acarrear trabajar con una leprosa.

Esta obra también abre la puerta a hablar de la importancia del reposo, la tranquilidad y el trabajo a fuego lento, que permiten dar los mejores resultados. Esos factores que tanto importan en la pastelería y la panadería. Tokue, la protagonista, cocina la dulce pasta de judías con pausas y mimo, oliendo cada cocción y degustando cada historia que se desprende de cada una de las ellas: “Cuántas lluvias y cuantos días de sol habrán visto estas judías”, se pregunta mientras trabaja.

En la pelicula se mezclarán 3 generaciones muy distintas, la anciana Tokue, el jefe de la pastelería y la joven Wakana. La experiencia permitirá a Tokue dar lecciones de vida a los dos personajes que la rodean, más con su ejemplo vital que como una consejera. Los tres convivirán durante un año en esta pastelería donde el paisaje dominado por los cerezos cambiará radicalmente en cada estación. A pesar de la prosperidad que los dorayakis de Tokue traen al negocio, el jefe tendrá que enfrentarse al intolerante dueño y de paso a los fantasmas del pasado. Por otro lado, la joven Wakana, prácticamente abandonada por su familia, recibirá de sus nuevas amistades la fuerza necesaria para enfrentarse a un entorno adverso para ella.

 La directora nos muestra la importancia de las relaciones humanas, de la autenticidad y de perseguir una existencia más pausada en la que disfrutar de los pequeños momentos de la vida, como comerse un dorayaki, o simplemente hacerlo. Desde La Tahona os invitamos a seguir haciendo con mimo vuestros productos, a trabajar con cariño y sobre todo a encontrar la felicidad en las pequeñas cosas de la vida, como los agradecimientos por el trabajo bien hecho, disfrutar de la familia y amigos o simplemente disfrutar de la naturaleza de forma contemplativa. Cosas para las que si os habéis dado cuenta, ni siquiera hace falta dinero para disfrutarlos.

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