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El praluliné: una delicia de la bollería francesa que trajo el azar

praluliné

Hay muchos inventos que llegan por azar a nuestras vidas, incluso por errores cometidos. Hay casos como el descubrimiento de la penicilina que han cambiado el mundo. La panadería y la pastelería tienen su espacio en esto, con casos tan curiosos como el del praluliné. Un brioche inventando en Ruán (Francia) por el maestro pastelero y MOF (Meilleur ouvrier de France) Auguste Pralus hace más de 60 años que es hoy la pieza estrella de cualquiera de las tiendas que tiene por Francia.

La historia de su invención es digna de contar. Cuentan que una mañana de 1948 Auguste Pralus estaba trabajando en su obrador, cuando por descuido se le cayeron encima de una masa de brioche que estaba preparando un puñado de almendras y avellanas garrapiñadas que se habían roto. En ese momento se dejó llevar por la intuición, mezcló bien los ingredientes y hornearlo. Al salir las piezas la delicia estaba lista. El azúcar se fundió con la masa y queda excelente con los trozos de almendras y avellanas ligeramente tostadas. Desde ese primer día que salió a las vitrinas de su pastelería, nunca ha dejado de estar en ellas.

Praluliné en la Maison PralusHoy en día esta pieza estrella de la Maison Pralus es cuidada al máximo, tanto en su composición como en su elaboración. Las avellanas son traidas del Piamonte y las almendras son de Valencia. Los frutos secos se recubren de un color rosa que le da un aspecto especial. Un ejemplo de que cuando haces un producto de primera, tienes que contar con materiales y elaboraciones de primera. Algo que hace que lo compren en todo el mundo y que sea una pieza gastronómica reconocida de la región Ruanesa en Francia. Algunos sábados llegan a venderse hasta 800 pralulinés.

Por supuesto, lo probamos. Es un brioche dulce pero no excesivamente. Es suave y se deshace ligeramente cuando te lo vas comiendo, y por supuesto vas encontrándote a medida que te lo comes, almendras y nueces con ese color rosa que previamente se ha preparado. Sin duda, una buena combinación y un brioche de mucha calidad.

Por último, hay que destacar del praluliné la importancia de la puesta en valor y la venta. Está en primera línea de sus vitrinas de exposición y un cartel explica perfectamente su origen y su historia (en francés e inglés). Algo que hace que no sólo entre por los ojos si no también por la curiosidad. Por supuesto, la tienda tiene un cuidado diseño que atrae por si sola. Un cúmulo de factores que hace que apetezca probar esta especialidad, y que desde nuestra revista, en nuestra pequeña aventura francesa, tuvimos que probar.

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