Las refugiadas se buscan el pan

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Proyecto de refugiadas Justbread

Un grupo de seis mujeres inmigrantes refugiadas se buscan el pan en el Reino Unido gracias al proyecto Justbread, algo que se podría denominar las Naciones unidas por el pan. La idea genial de este proyecto, creado por Liz Siena, es la de unir a mujeres refugiadas en un obrador para compartir sus habilidades, cultura y experiencia en torno al pan de sus países de origen. A la vez mejoran su inglés, su empleabilidad (formándose como profesionales del sector) y sobre todo confianza en si mismas, en un mundo tan distinto a sus tierras natales.

El comienzo de todo tuvo lugar cuando Liz trabajaba como voluntaria en en centro de refugiados de Balham, en el sur de Londres. Un día de diciembre, una mujer de Eritrea les regaló un pan casero típico de su tierra como agradecimiento por la labor de apoyo que los voluntarios estaban haciendo. El pan se llamaba hembasha y era utilizado tradicionalmente para las celebraciones. Ese delicioso y exótico presente la dejo pensativa sobre si podría ayudarla a hacer de la elaboración de ese pan un empleo estable para ella. Y así nació Justbread.

Las mujeres protagonistas de este proyecto vienen de distintos sitios, aunque todas recuerdan el pan de sus orígenes y lo comparten con las demás en los momentos en los que hay que dejar reposar la masa.

Layla tiene 46 años y es afgana, llegada en 2003 con marido y cuatro hijos. Le costó adaptarse y se ve que ha sufrido en la vida por los recuerdos y experiencias que comparte con todas. De sus recuerdos del pan, allí se estila el pan plano parecido al naan indio.

Mahnaz (Nazy para las amigas) es la mamá del grupo, no solo por sus 56 años, si no porque llegó hace tres decadas a Reino Unido desde Irán. Tuvieron que salir de allí porque su marido trabajó para el Sha y el régimen. Está muy agradecida por el acogimiento que encontró y por las posibilidades que le ha ofrecido el país. De su memoria rescata los 4 tipos distintos de panaderías que había en su país natal, en función de la variedad del pan que venden. De ellos el más popular el barbari, ligeramente parecido a la chapata.

Sana es refugiada de Arabia Saudí y a sus 31 años ha encontrado trabajo a tiempo parcial en una panadería. Fue una de las primeras formadas bajo este proyecto y lo recuerda con el cariño de quien encontró un espacio donde aprender, sentirse arropada y formar parte de una comunidad.

Joy es natural de Nigeria y llegó escapando a sus 29 años de un país con elevada violencia e injusticia social. Un país donde las desigualdades entre ricos y pobre se acrecentan. Como mujer está acostumbrada a trabajar de sol a sol, aunque reconoce que aquí es más dificil porque para trabajar de algo necesitas habilidades concretas y reconocidas. Por eso el proyecto le viene genial y le gusta.

El maestro panadero de e5 Bakehouse, Ben MacKinnon, es uno de los formadores, y se siente totalmente gratificado de participar en un proyecto con tanta «miga». Ve como se construyen lazos entre las mujeres horneando juntas, y como trabajan codo con codo, olvidando por ese tiempo su condición de refugiadas y sintiéndose tan útiles y reconocidas como cualquiera.

Sin duda, el pan está presente en todas las culturas, y con este proyecto además se hace posible compartirlo y ayudar a las refugiadas a encontrar trabajo y adaptarse mejor a la vida de los países que las acogen. Algo que comparte Emily Danby, del Refugee Council, una de las organizaciones que más apoya a los refugiados en estos duros momentos.

Fuente:el mundo.es

 

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